Nobel Aumann: “El dólar corre peligro de una fuerte pérdida de su valor”

!cid_aumann-jpgEn una entrevista exclusiva con El Cronista Weekend, Robert Aumann, Premio Nobel de Economía 2005, asegura que los planes de rescate que implementó el gobierno de Barack Obama para salir de la crisis fueron una mala idea como solución de largo plazo porque envían una mala señal a los mercados e incentivan a la gente a volver a tomar riesgos de manera irresponsable.Este lunes 2 de noviembre disertará en la Bolsa de Comercio de Rosario y el martes en la Universidad de Palermo.

 

l ¿Cómo evalúa la recuperación de la economía?

-Lo que veo son buenos tiempos para la economía. Estoy convencido de eso. La crisis, por muy cruda que haya sido, no afectó los fundamentals de la economía. Las condiciones están bien para volver a generar crecimiento. La globalización sigue en pie y eso es bueno. Porque significa que cada vez más personas están entrando y participando en el mercado. El mundo se ha convertido en un gran mercado y este se va ampliando. La crisis no afectó eso.

l Todavía vemos los coletazos de la crisis. ¿Qué remedio hay para prevenir una recaída?

– Digamos que hay buenos y malos. Uno bueno sería regular el sistema de tal manera que prohiba el apalancamiento. Lo que se puede decir a los bancos es: “ustedes pueden prestarle a los bancos todo el dinero que quieran. Pero no vender ese reclamo a otro banco o entidad financiera”. Por otro lado, un remedio o una medida mala o negativa sería, desde mi punto de vista, extender la regulación a todo el ámbito financiero. Y particularmente prohibirle a los bancos o a las entidades financieras que tomen riesgo.

l ¿Por qué no?

– Por el simple hecho de que el riesgo es la base que hace funcionar a todo el sistema. Sin la posibilidad de permitir arriesgarse, el mundo no giraría. La disponibilidad al riesgo es lo que hace funcionar a los mercados. Un simple ejemplo: entrepreneurs. Se trata de personas que tienen buenas ideas pero no los fondos para impulsarlas. Ahí entran otros que toman el riesgo de financiarlos. Y eso, en parte, hizo hasta ahora que tuviéramos una economía tan vigorosa en los últimos 60 años. Por eso, yo no implementaría ninguna regulación que limite o regule la disponibilidad al riesgo. Sería una muy mala idea.

l Sin embargo, uno de los grandes reclamos después de la crisis es que, justamente, la no regulación del riesgo provocó el derrumbe de la economía.

– Insisto; la única forma que yo regularía sería la interdependencia del riesgo, el apalancamiento. Que no se le permita a los participantes del mercado pasarle el riesgo propio a un tercer actor. Pero más allá de eso, no. Soy un enemigo declarado de la sobreregulación. La regulación sirve para proteger el mercado. Pero nada más. Es como la regulación antimonopolio de los años ‘20 y ‘30. Ésta devolvió la competencia al mercado y eso es que lo debemos prever y hacer. Pero soy muy reticente a todo lo que suene a un Gran hermano (ríe). Ya tuvimos suficiente de eso en el siglo XX.

¿Y qué opina de la regulación a la compensación a ejecutivos?

– También aquí hay buenas y malas recetas. Una mala es fijar o limitar el volumen que la compensación de un ejecutivo pueda tener. O sea, el tamaño que pueda tener. La compensación de un ejecutivo tiene y debe estar determinada y fijada por el mercado. Por el simple hecho de que debe entenderse como un precio por un servicio prestado. Y estos son determinados por el mercado y las reglas de demanda y oferta, como los sueldos. Entonces, si usted tiene un buen gerente o ejecutivo, éste debería obtener un mayor reconocimiento y también una mayor compensación. Es tan simple como eso. Lo que sí debería cambiar es la estructura de la compensación a ejecutivos.

l ¿A qué se refiere?

– La forma y la estructura más común en la que un ejecutivo era compensado hasta ahora era a través de opciones. ¿Qué es una opción? Una opción representa la orden de que si el precio de una acción sube, usted gana dinero. Pero si el precio del título cae, usted no pierde dinero. Lo que está mal con esto son los incentivos. Hay varios esquemas que le exigen al ejecutivo que si no logra que el precio de la acción suba por un mínimo de 10%, el directivo no obtendrá ninguna compensación. Eso motiva y no poco a los CEOs a tomar riesgos y, muchas veces, de forma no necesariamente coherente. Y eso es irresponsable. Por eso, lo que yo digo es que la estructura de compensación de un ejecutivo debería ser como una empresa en sí misma. Y eso se logra de una forma muy simple.

l ¿Cómo cual?

– Simplemente, en vez de compensar a los ejecutivos con opciones se les da acciones. La condición: que se les prohiba vender o negociar esos títulos en un lapso anterior a 5 años, por ejemplo. De esa forma, si el precio, el valor, la cotización de la acción cae, el ejecutivo también pierde dinero.
l ¿Qué otras recetas propone?

– Entre las recetas malas también mencionaría a los planes de rescate que promueven en estos días. Cuando el Gobierno le dice a una compañía o a una entidad: “No se preocupen, en caso de necesidad, acá estaremos”, eso es terrible. Es el mismo efecto que para el caso de las opciones. La señal que envía a los mercados es: si la gente genera negocio y dinero, todo bien, se lo guardan en el bolsillo. En cambio, si pierden dinero, tampoco hay problema, porque lo cubre el Estado.

l En estos días se revivió el debate sobre el tipo de recuperación para la economía global. ¿Qué prevé usted: V, W o U?

– Creo que todavía puede llegar a ser una V. Aunque el riesgo de que se convierta en una W no está fuera del juego. El principal problema son los planes de rescate. Son ellos los que promueven que la gente tienda otra vez a tomar riesgo de forma irresponsable.

l Sin embargo, muchos piensan que, si los Gobiernos -con Estados Unidos a la cabeza- no hubieran implementado estos planes, la economía habría estado en problemas muchos más serios.

– Puede ser que haya sido la herramienta más prudente o más cuidadosa. Pero, para el largo plazo, no creo que haya sido la correcta. Como teórico y académico, yo critico la medida porque no es una medida sana. Traer un beneficio a corto plazo, pero no a largo.

l ¿Cuáles son, entonces, los principales desafíos que usted ve para la economía del próximo año?

– Una cosa muy mala son y fueron los planes de rescate. Ellos obligan a los estadounidenses a imprimir más dinero, de otra manera no les será posible recobrar los planes de apoyo. El problema es que todavía la economía estadounidense está en peligro de sufrir otra caída importante. Nadie sabe qué puede llegar a pasar. Y ahí el que está en el ojo de la tormenta es la moneda, el dólar. Éste corre peligro de una pérdida fuerte en su valor.

l ¿O sea un rebrote de la inflación?

– Correcto. Recuerde la tremenda inflación que sufrió Estados Unidos y el mundo a principios de los ‘80. Al final se logró contener, pero no fue fácil.

l ¿Cómo se explica, entonces, la última crisis a través de la teoría de los juegos?

– Toda la economía en general, pero en particular la teoría de los juegos se puede definir o describir en base a una palabra “incentivos”. En el caso del mercado inmobiliario y el de las hipotecas subprime, que dispararon la crisis, era una cuestión de oferta que iba incrementándose de a golpes. ¿Qué pasa cuando hay una sobreoferta? Los precios caen. En el caso nuestro, los precios cayeron muy por debajo de su valor real. En algunos casos, incluso, un 90% por debajo. ¿Y qué pasó? Pasó que a personas que, por ejemplo, se le habían prestado unos u$s 500.000 y tenían que devolver esas suma al banco estaban en casas que lograban un precio en el mercado que apenas llegaba a u$s 400.000. Obviamente decían: “no voy devolverle al banco u$s 500.000 cuando la casa hoy vale u$s 100.000 menos”. Lo que hicieron fue ir al banco y decir: “Gracias pero no, les dejamos la casa y la hipoteca”. O sea, la gente que tuvo una casa y estaba en condiciones de pagarle al banco, pero tenía créditos por un valor que era mayor al valor de la casa, tenía un incentivo, no de pagar, sino de defaultear. Y aquí es donde la teoría de los juegos entra a trabajar.

l Lo que está diciendo es que personas que estaban en condiciones de pagar, ¿empezaron a retirase del mercado?

– Correcto. ¿Y qué pasó? Otra vez el mercado debía absorber un golpe de oferta. ¿El resultado? Los precios cayeron aún más y la dinámica volvió a acelerarse. Cada vez más gente hacía un default. Y en todo mercado llega un momento en el que el banco tiene demasiada exposición y se enfrenta a la suspensión de pagos o, en el peor de los casos, a la bancarrota. Pero, incluso la suspensión de pagos del banco no era tan terrible. Al fin y al cabo, las entidades, por lo menos en los Estados Unidos, están respaldadas por la federación de aseguradoras corporativas. Y si es lo suficientemente grande, el banco directamente entra en bancarrota. Pero el problema real era otro.

l ¿Cuál?

– Que todos los bancos estaban de alguna manera apalancados unos con otros. Eso significa que se vendían entre ellos los papeles de las propiedades y también las hipotecas. Y aquí otra vez entran en juegos los incentivos: un banco otorgaba un crédito pero luego lo vendía a otra entidad. Con eso, lo que hacía era simplemente asegurarse el valor de la hipoteca por una operación de compraventa con un tercero. La lógica del banco era simple: no importa lo que pase con la casa, que se queme, que sea asaltada, que tenga daños por agua, etc. Al igual que si destruyen o roban un auto asegurado, yo, como banco, estoy asegurado por el banco a quien le vendí el derecho de la hipoteca. El tema es que si este sistema, como sucedió, se expande, la red de reclamos y contrarreclamos se hace cada vez más extensa. Y en esa red, si un banco cae, el efecto se propaga a través de toda la red. Es como un efecto dominó: cae un banco y consigo se lleva a otro, que a su vez lo hace con otro, y otro. Era el mismo efecto que sucedió en su momento en Estados Unidos cuando hubo esos inmensos apagones hace algunos años.

l ¿A qué se refiere?

– Fue una ola de apagones que afectó a gran parte de la costa Este de los Estados Unidos. Pero esto no se originó por un gran desperfecto o algo parecido. Simplemente fue que en un verano muy caluroso en un barrio se cayó el sistema eléctrico. Obviamente éste estaba asegurado. Quiere decir, que si el transformador de un barrio se caía, estaba conectado a uno del barrio vecino. Éste, por el tiempo que tome arreglar el primero, deberá soportar la carga de abastecer a dos barrios. Lo que pasó un día es que la caída no fue de uno sino de varios y eso desencadenó un efecto dominó que en pocos minutos dejó sin electricidad a toda la costa del Noreste de los EE.UU.. Un efecto secundario se vio nueve meses después: nacieron un número inusual de bebés porque la gente no encontró otra cosa que hacer. Pero, volviendo a la crisis subprime: este sistema de apalancamiento se vio reforzado por un equivocado efecto de incentivos. Por el sistema, los gerentes de los bancos se vieron incentivados a extender el sistema cada vez más. ¿Por qué? Porque se dieron cuenta de que podían aumentar su paga al vender a otros bancos tanta hipoteca como pudieran vender.

Fuente : EL CRONISTA

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